Ansiedad, ¿amiga o enemiga?
anxiety

Cuántas veces conocemos a alguien que, en un primer momento, nos cae mal y, con el paso del tiempo y dándonos la oportunidad de conocernos, llegamos a ser grandes amigos.

Aquí nos puede suceder lo mismo, pero para poder convertir la ansiedad en una aliada primero necesitamos conocerla.

¿Qué es la ansiedad?

Es un mecanismo de defensa, que sirve para alertarnos frente a posibles amenazas.

Hasta ahí, todo suena bien, es útil, nos ayuda.

¿Dónde empieza el problema?

Cuando no sabemos gestionar este mecanismo, nos paraliza.

La ansiedad se puede manifestar en aislamiento, agobio, intranquilidad, palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración, mareo, problemas para dormir,…

Nada suena muy atractivo, ¿verdad?

¿Cómo puedo convertir el problema en una herramienta?

Si no te sientes bien, te encuentras alterado, estresado, impotente, en peligro o, sencillamente, ansioso, no lo pienses, el primer paso es buscar ayuda.

Lo que empieza siendo una anécdota se puede convertir en un problema grave y derivar en un trastorno como agorafobia, trastorno de ansiedad generalizada o fobia social, entre muchos otros.

Tener un nivel de ansiedad acorde a cada momento, conlleva un nivel de activación óptimo, lo que nos ayuda a mejorar nuestro rendimiento a cualquier nivel.

No dejes que la ansiedad se adueñe de ti y te transforme, ponle remedio.

Algunos gestos que pueden delatarnos:

  • Los gestos de nuestras manos nos pueden ayudar como indicadores de un grado de ansiedad elevado. El esconder las manos al hablar, ya sea detrás de nuestra espalda o en nuestros bolsillos o tenerlas en constante movimiento, por ejemplo, retorciéndolas.
  • Tener constantemente el ceño fruncido o la boca apretada, son gestos faciales que denotan tensión continuada.
  • Mordernos los labios o humedecerlos constantemente, mordernos las uñas y/o las cutículas o “pielecillas” de alrededor de nuestros dedos.
  • La necesidad de mover constantemente alguna de nuestras extremidades, por ejemplo, los pies o piernas con un movimiento constante o el crujir nuestros dedos con asiduidad.

Trucos para ayudarnos en el día a día y descubrir si estamos ansiosos:

  • Antes de dormir, cuando ya estemos tumbados, relajar los músculos faciales y darnos cuenta en ese momento de hasta qué punto estábamos en tensión sin darnos cuenta.
  • Dedícate tiempo a diario, tiempo consciente y de calidad para sentirte bien contigo mismo.
  • Ponle palabras a tus pensamientos, verbalízalos o escríbelos en un papel, pero deja que salgan de tu cabeza para poder verlos o escucharlos con perspectiva.
  • Concéntrate en ver cómo respiras y cuida ese aspecto de tu vida, hazlo de forma consciente y, si no sabes hacerlo, aprende nuevas técnicas de respiración que te permitan hacerlo de forma sosegada y profunda.
  • Disfruta del aire libre y muévete dentro de tus posibilidades, el ejercicio físico, aunque sea suave o moderado, es un gran aliado.

En caso de que estos pequeños trucos se te queden cortos y te sientas identificado con el artículo, no dudes en ponerte en contacto con un profesional, desde Odyssea Psicólogos te ofrecemos nuestra ayuda.

¡Si tienes cualquier pregunta déjanos un comentario!

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